Inkip.com es un blog de fotografía + música y literatura. El proyecto personal de Martin Epelde [Budka]. Un diario de mis viajes y un resumen de mis gustos.
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A Bao A Qu

Para contemplar el paisaje más maravilloso del mundo, hay que llegar al último piso de la Torre de Victoria, en Chitor. Hay ahí una terraza circular que permite dominar todo el horizonte. Una escalera de caracol lleva a la terraza, pero sólo se atreven a subir los no creyentes de la fábula, que dice así:

En la escalera de la Torre de la Victoria, habita desde el principio del tiempo el A Bao A Qu, sensible a los valores de las almas humanas. Vive en estado letárgico, en el primer escalón, y sólo goza de vida consciente cuando alguien sube la escalera. La vibración de la persona que se acerca le infunde vida, y una luz interior se insinúa en él. Al mismo tiempo, su cuerpo y su piel casi traslúcida empiezan a moverse. Cuando alguien asciende la escalera, El A Bao A Qu se coloca en los talones del visitante y sube prendiéndose del borde de los escalones curvos y gastados por los pies de generaciones de peregrinos. En cada escalón se intensifica su color, su forma se perfecciona y la luz que irradia es cada vez más brillante. Testimonio de su sensibilidad es el hecho de que sólo logra su forma perfecta en el último escalón, cuando el que sube es un ser evolucionado espiritualmente. De no ser así el A Bao A Qu queda como paralizado antes de llegar, su cuerpo incompleto, su color indefinido y la luz vacilante. El A Bao A Qu sufre cuando no puede formarse totalmente y su queja es un rumor apenas perceptible, semejante al roce de una seda. Pero cuando el hombre o la mujer que lo reviven están llenos de pureza, el A Bao A Qu puede llegar al último escalón, ya completamente formado e irradiando una viva luz azul. Su vuelta a la vida es muy breve, pues al bajar el peregrino, el A Bao A Qu rueda y cae hasta el escalón inicial, donde ya apagado y semejante a una lámina de contornos vagos, espera al próximo visitante. Sólo es posible verlo bien cuando llega a la mitad de la escalera, donde la prolongaciones de su cuerpo, que a manera de bracitos lo ayudan a subir, se definen con claridad. Hay quien dice que mira con todo el cuerpo y que el tacto recuerda a la piel del durazno.

En el curso de los siglos el A Bao A Qu ha llegado una sola vez a la perfección.

El capitán Burton registra la leyenda del A Bao A Qu en una de las notas de su versión de las Mil y Una Noches.

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Todos esos deseos

“Pacífico” – Los Piojos

Glaciar Perito Moreno. Parque Nacional Los Glaciares, Provincia de Santa Cruz, Argentina.

Ahora que estoy vacío
ahora que no hay canción
toda la luna cabe en mí.

Ahora que soy silbido
de alguien que sale a andar
veo otro cielo alrededor.

Todos esos deseos
de noche fría y de alcohol
hoy te los quiero regalar.

El agua me salpica
el fuego es realidad
me gustaba tanto tu voz.

Dejando que suceda
es más fácil así
el cuerpo bien sabe flotar.

Distintas las miradas
y tu contestación
muestra qué inútil fue mi hablar.

La mente está vacía
el cuerpo quiere girar
y en la pupila aquel dolor.

Oh, Oh, voy a llevarte en mí
y ahora sé muy bien,
que me llevarás
hasta donde estés,
adonde vayas
un tatuaje azul,
en la voz azul.

Oh, Oh, Oh…

Algo tiembla al oído
sombra de un susurro sin voz
la última oportunidad.

Oh, Oh voy a llevarte en mí…

Pacífico, Los Piojos. Civilización, 2007.

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